
MENSAJE QUEBEQUENSE DEL DÍA MUNDIAL DEL TEATRO 2010

27 de marzo 2010
De pequeña, descubrí el teatro en mis juegos. Jugaba a representar lo que había visto y lo que imaginaba. Jugaba a ello para comprender los mecanismos que gobiernan las relaciones entre los hombres, deshaciéndolos y rehaciéndolos. Jugaba para decidir si iba a conformarme a esas reglas o a rechazarlas. Jugaba para interiorizar el mundo exterior, criticarlo, reinventarlo. De hecho, jugaba para descubrirme y descubrir mi relación con el mundo.
Cuando crecí, seguí jugando para entender ese mundo que seguía sin entender, conmovida al constatar hasta qué punto el teatro es, de todas las artes, el que más se parece a la vida. Es contradictorio, paradójico, todos los días diferente; un equilibrio extrañamente precario entre lo íntimo y lo colectivo, la materia y lo humano, lo provisorio y lo definitivo.
El teatro germina en la intimidad más profunda, nace del deseo secreto de encontrar las palabras, las imágenes para decir, reír, gritar, alegrase, indignarse, llorar. Singularmente, para tocar a ese otro que está allí, delante, él necesita la mediación de lo colectivo: de la escena, en la cual se trabaja en equipo, y de la sala, una sociedad en miniatura. Cambió mucho de forma a través de los siglos. Clásico o romántico, moderno o contemporáneo, de ayer, de hoy o de mañana, grotesco o burlesco, trágico o dramático, para adultos o para niños… es y será siempre el testimonio de un hombre delante de otros hombres, tan grandes en sus esperanzas como mortales en su fin.
El teatro ha cambiado al ritmo de la tecnología, palabra que se inscribe en la época que la abarca. Se iluminó con sebo, velas, petróleo. Hoy brilla como un fuego de artificio, juega a la luz y a la sombra con un acierto y una destreza que sólo pueden igualar los instrumentos que le da el siglo… Sin embargo, ni la más sofisticada de todas las tecnologías podrá igualar un día el acento de verdad y la fuerza que dan el sentido y la urgencia de decir. Es la palabra directa de uno que corre el riesgo de compartir su visión del mundo con otros la que mantiene el teatro tan vivo como en sus primeros años.
La actualidad lo confirma. Estamos en una época de crisis y el apoyo público corta los víveres. El público se ajusta el cinturón. Sin embargo… jamás se ha visto un relevo tan valiente y vigoroso invadir lugares públicos y privados para alcanzar a ese público. De a 2, de a 4, de a 10, los artistas del teatro hacen vivir y vibrar una entrada, un corredor, sillas derechas y duras. Provisorio en los medios que se le otorgan, provisorio en su manera de reinventarse noche trás noche, tan provisorio como la vida y el humor cotidianos, el teatro es definitivo en la necesidad que tenemos de decir y compartir.
Traducción: Cecilia Iris Fasola
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Fotos
y ilustraciones:
Manon André, Bernard Bélanger, Véro Boncompagni, Caroline Bourbonnais, Bernard Brault, Nathalie Caron, Maxime Côté, Marc Cramer, Jacques Driol, Yves Dubé, Stéphane Dumais, Marc Dussault, Matthew Fournier, Émilie Gagné-Prud’homme, François-Xavier Gaudreault, Alain Gauvin, Sophie Grenier, Jean-François Hamon, Josée Lambert, Bruno Marcil, Bernard Préfontaine, Olivier Prialnic, Isabelle Rancier, Yves Renaud,Daniel Robillard, Marie-Claude Rodrigue, Pierre Roussel, Jean-Christophe Verbert, Chen Yu-Wei, Izabel Zimmer.
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